Llegan los meses de calor y lo notas. Tu gato, normalmente curioso, ágil y juguetón, pasa los días apático, buscando desesperadamente la sombra o tumbado en el duro y frío suelo del baño.
Como amantes de los gatos, sabemos que verlos sofocados y sin energía nos encoge un poquito el corazón. Ellos llevan un abrigo de piel del que no se pueden desprender en pleno julio, pero nosotros tenemos en nuestras manos la oportunidad de darles el alivio que tanto necesitan.
Existe un mito muy peligroso: como los gatos domésticos descienden de felinos del desierto, mucha gente asume que toleran el calor extremo sin problemas. Pero la realidad de tu gato de interior es muy diferente. A diferencia de nosotros, o incluso de los perros que jadean ruidosamente para enfriarse, los gatos han evolucionado para ocultar su malestar en completo silencio. En la naturaleza, mostrar debilidad o agotamiento los convierte en presas.
Por eso, cuando las temperaturas de la casa superan los 28°C, el riesgo de un golpe de calor felino se dispara silenciosamente. Su sistema de refrigeración natural (que consiste básicamente en lamerse para que la saliva actúe como sudor) se vuelve insuficiente y empiezan a sufrir de estrés térmico.
Aquí tienes las 5 señales de alarma de que el cuerpo de tu gato está perdiendo la batalla contra el calor y necesita tu ayuda de inmediato: