Si tienes un gato, sabes lo mucho que les gusta tomar el sol en la ventana. Pero cuando llegan los meses de verano y las temidas olas de calor, esa adorable costumbre puede convertirse en un peligro silencioso.
Existe un mito muy peligroso: como los gatos descienden de felinos del desierto, la gente asume que toleran el calor extremo sin problemas. Pero la realidad de nuestros gatos domésticos es muy diferente.
Los gatos son maestros ocultando su malestar. A diferencia de los perros, que jadean constantemente para avisarnos, el sistema de enfriamiento de un gato es muy deficiente.